Mis decálogos

Cosas que aprendí del #Ebro

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Viví muchos años de espaldas al río, y ahora me pregunto por qué, cómo pude.
Gracias a él, he aprendido
a buscar la luz
y ahora soy alguien que habla con los árboles,
que se mueve plácida,
que tiene un lugar donde perderse para encontrarse.
Me enseñó a caminar, que el mejor naranja nos lo da el atardecer,
que el cierzo no es mi enemigo
y que, en cuestión de paseantes, no hay nada escrito.
Que ninguna preocupación sobrevive al ruido del agua y que el amparo – a veces- te lo da el reflejo del cielo en todas las cosas que miras cuando te dejas llevar por los pasos, sin prisa, de este pequeño territorio mítico que es nuestro #Ebro.

El vals del #orden y el #caos

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Hay días en que tantas guerras se libran dentro de uno… que no queda más remedio que montar una tienda de campaña en el desorden.
La mente grita que todo esté siempre en su sitio, pero mejor que el corazón y el alma sepan bailar por igual con el caos y el orden, en orden y con caos, porque así es como funciona la lógica de la vida.
Yo, para engañar a la mente, paseo por la ciudad buscando la geometría en todas las pequeñas cosas: en esquinas, pomos de iglesias,chimeneas y tejados, barandillas y museos. Así, al final del día, mis ojos piensan que el mundo es un lugar lleno de equilibrio donde cada día llueve proporción, aunque el corazón y el alma sigan, a escondidas, llenando como toca su carnet de baile, unos valses con el orden, otros con el caos.

Unos bailes con la belleza del #orden, otros con la alegría del #caos.

¿De un triste #bonito?

triste bonito

Alguien me dijo que el invierno era de un triste #bonito.
Me dio por pensar en para qué servirá la tristeza: está esa que desgarra, y otra, tenue, que atonta las ganas de emoción y nos lleva a un mundo de tardes de domingo y aguas mansas.

A mí las tristezas  me sacan a paseos que ordenan el caos;  puestos a estar tontones, mejor que sea en invierno, con la hoja caída y el tronco pelado, a tono con el ánimo lento.

Y la tristeza será triste, pero no siempre es fea ni inútil: que se lo pregunten a los árboles que mudan o a aquellos que, con todas sus heridas, fabricaron el mejor bálsamo.

 

#voluntad

 

agua ebroUn amigo me dijo que el invierno era triste y el agua del #Ebro fea.
Indignada, me puse las botas cámara en mano para demostrarle científicamente que no era cierto.»A encontrar belleza me ganan pocos», pensé, en un arranque de orgullo aragonés.
Tras unos kilómetros de más y el orgullo de menos, pensé que a lo mejor el invierno era triste, y que el agua del Ebro va a gustos, a días, y a ojos.
Que para qué iba a batallar por algo que para mí era evidente: que la belleza, como la felicidad, es cuestión de voluntad. Y hay dos maneras de encontrarla: viajando donde resulte evidente, o encontrándola allá donde estés.
Ambas hacen de este mundo un lugar más habitable.
Por ello,  en invierno, busco la luz aunque me lleve muchos kilómetros, al lado de un Ebro que me da el color que quiere y me canta que, al que no le guste, que se vaya a Finlandia.

#sol_de_invierno

sol de invierno

En invierno busco la caricia del sol en días de frío tranquilo: con esa luz, los chopos bailan desnudos y las ramas se dibujan con pincel en el #azul.
Qué pocos días delicados tenemos en esta ciudad de cierzo áspero, en la que cruzamos los puentes corriendo de viento o de calor.
Por eso, si sopla ese sol de invierno que acaricia el corazón, salgo de fiesta con la cámara en busca de levedad y ligereza, y pinto con los ojos las líneas de silencio que me dictan los árboles.