Entradas

Si la amistad tuviese un color.

IMG_20180506_145533637 Siempre odié el  amarillo, hasta que conocí hace nada a todas estas flores que acechan felices en grietas locas y baldosas de ciudad, que se agarran a la madera de los bancos y brotan en un despiste del olvido.

Si hay un tiempo para que algo florezca pese a todo, es éste. La vista se me va tras todos esos afectos y amistades de todo tipo y condición que nos sorprenden sin buscarlos, como una bendición amarilla. Entre las grietas y baldosas de ciudad, encaramadas tras las prisas y los muros del día a día.

Siempre odié el amarillo, hasta que conocí hace nada a la flor que me enseñó el color de la poesía. Sea bienvenida.

 

Alegría.

IMG_20171022_091803_966Si no hay alegría en tu vida, coge un lápiz y píntala. Eso pensé cuando encontré esta imagen en un rincón amable, durante uno de mis paseos por la ribera del Ebro.

La vida no es un menú que se pida a la carta: por eso estoy atenta y siempre que puedo me lleno los ojos y los días de cosas bonitas. Si no vienen, las busco. Cuando no las encuentro, las invento: así el invierno pasa más dulce y el tiempo se tiñe de caramelo.

 

Lunes de colores

IMG-20150813-WA0002
Ya sé que tus lunes no son de colores .
Que la rutina no es azul, ni tu vestido rojo. Que añoras el verde y querrías, por una vez, salir de amarillo loco.
Que prefieres el olor a lavanda que tu perfume de todos los días, y el yogur te gusta con moras y no con prisas.
Que a veces una caricia basta para despertar la sonrisa que viste tus lunes de colores.

Reino de Ronquidos, #CaminodeSantiago

Cierto que el #CaminodeSantiago es interiorización: te encuentras a ti mismo, conectas con la naturaleza, haces de cada peregrino tu familia, aprendes a adaptarte y la lógica del encuentro -desapego mientras dices #BuenCamino. Cierto que me abrió el corazón, sentí a un Dios diferente y hablé inglés por los codos. Cierto que aprendí ingeniería para llenar la mochila sin que pese, que unos buenos calcetines marcan la diferencia, que es tu sonrisa el maquillaje que te pone guapa, que la gente viene del otro lado del mundo para hacer lo que tú tienes al lado, y que no hay reglas, ni edad, ni condición física que prediga que serás un buen caminante. Pero hay cosas que nadie cuenta, y que hacen del Camino un lugar profundamente humano. Por ejemplo, tipos de caminantes según su ronquido: el musical (diferentes matices y tonalidades), el metrónomo (ronquido constante, estable), el escalador (y sube y sube y sube hasta hacer cima y despertar a todos), el Gran Roncador (Oh my God), el susurrador (leve como una nana),
el imprevisible, y tantos otros que hicieron de mis tapones una joya en mis oídos. Tampoco nadie te dice que tus ojos verán rutinas de higiene extrañas, ropa interior que no tienes necesidad de ver, que hay sonidos que te recordarán que no distamos tanto del mono. Que con treinta kilómetros en el cuerpo, a lo mejor eres tú el que ronca, o el que a un desconocido le ofrendas tu ropa sucia para la lavadora. Que miras, curas y tocas las ampollas del pie del otro con la misma naturalidad que rezas a un amanecer. Que todo esto no va de ser mejor ni de llegar antes, sino de ser lo que ya eres y que el #CaminodeSantiago es, tanto como un camino espiritual, el más humano entre los Reinos de Ronquidos. #BuenCamino, y #BuenRonquido.

Viajar sin coche

Fui a Francia en bus, a ver a una amiga, y las señoras de al lado, para mi desgracia, se hicieron amigas. Una de ellas resultó estar muy preocupada por las manías de su marido, recién jubilado. Al señor le daba por liderar determinadas tareas de la casa con criterios no válidos según el estándar de su mujer; no sólo eso, sino que se dedicaba a gastar el presupuesto familiar en cacharros inútiles que requerían tiempo en montaje, tiempo que –según la señora- bien podía dedicarse a sacarla de viaje y complacerla. En tono de confesión, nos enteramos del cambio en gustos de ropa interior del señor, rarezas de la edad que llevaban a la señora a la búsqueda infructuosa de calzoncillos adecuados. Cuando llegamos a San Sebastián el señor vino a recoger a su señora, y me acompañó al bus que me llevaba a mi destino final, y a mi me dieron ganas de decirle que publicara un anuncio en facebook para encontrar sus calzoncillos perfectos, y que ya hallaría una ocupación post-jubilación, pero la etiqueta social hizo que
simplemente le dedicara una sonrisa. Seguí mi viaje sin coche,y de cómo pasé del autobús público a un Porsche galáctico es una historia que no procede narrativamente aquí, pero que ahí está. Ya con mi amiga, no montaba desde los nueve años, pero apártense las viejecitas francesas que va Reyes a la playa en una bici roja. Me remojé en el mar con grandes olas a modo de bautizo en el Jordán, tomé el último sol y disfruté de la amistad. Casualidad, aparecieron unos divertidos y amables caballeros residentes en mi ciudad, con los que fuimos a cenar, y que me eximieron de la vuelta en bus a España, dejándome en la puertecita de mi casa, como a una reina. De lo cual concluí que no pasa nada por no tener coche, porque hace que escuches historias sobre los calzoncillos de los jubilados, viajes en Porsche, montes en bici, y te traten como a una reina.