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#solidez

solidezEsto va para todas aquellas personas en las que uno se puede apoyar.

Para los árboles en cuyo tronco lloramos.

Para las amistades que nos dan sombra en un desierto insoportable.

La solidez no gana premios, no hay Nobel a la solidez, los influencers no hablan de ella.

Pero con el paso del tiempo yo más la busco.

Cada día yo más voy a todos esos árboles que me prestan sus hombros.

Me arrimo.

Me arrimo, busco cobijo.

Si me arrimo me dan mimo y yo les devuelvo el favor con estas palabras que canto y que rimo.

 

La edad de la inocencia

amarillo instagram Siempre se me dio fatal ser una flor que palpita frágil por ahí gritando primavera.
Pero hay días en que la vida se pone fea y me canso del traje de guerra, de ser árbol que ampara y de cortar las malas hierbas. Cuanto más todo me habla de que juegue o consiga, de que venza o muera, de ganar o perder, más me convenzo de vestirme de flor y volver a la edad de la inocencia … al menos unos instantes, cuando amo.
Por lo menos, cuando amo.
Qué menos que cuando amo.
Al menos unos instantes, cuando escribo, quiero ser una flor que palpita frágil por ahí gritando primavera.

#sentir

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Así sienten los que aman: el resto del mundo se desenfoca, pensé cuando vi estas hojas.  Para eso sirve la pasión por alguien, algo, por todo, la pasión buena: la que mira de otro color la textura de los días. La que enfoca con una lente especial nuestra vida;  así nos parece distinta, aunque iguales seamos todos en el afán por hacer grandes y distintos algunos pequeños momentos que visten los minutos tontos con rocío y  sal.

#sermujer

IMG_20151017_111354260 Un buen amigo me pidió que hablara unos minutos con trescientas mujeres de los slums de Bombay sobre qué es #sermujer. Cuando puse los pies en India lo primero que vi fueron saris de mil colores picando carreteras a cincuenta grados, descalzas con cestos de arena en los andamios, caminando kilómetros en chanclas, bajando la cabeza tantas veces. Vi mujeres preciosas; a su lado las europeas resultamos desteñidas. Pensé que da igual rica o pobre, famosa o anónima, de aquí y de allá, hay algo en nosotras que nos impide florecer sin culpas, una especie de ¿quién soy yo para hacer esto?, porque guardamos en las células siglos de ¿quién eres tú para hacer esto?. Les conté que mi abuela fue muy pobre y jamás pensó que llegara a tener una nieta que iba a estudiar, a viajar sola, a contar a otras mujeres al otro lado del mundo que tal vez ellas no pudieron, pero sus hijas podrían. Que a  veces son los que más amamos quienes nos miran con ese ¿quién eres tú para hacer esto?. Por eso  las mujeres del slum,  que cosían ropa, tendrían que seguir tejiendo esa red de autoayuda: para decirse las unas a las otras que se puede. Para llorar juntas cuando castren sus sueños. Para ser una misma sin pena ni castigo, sin esconderse. Para ser más fuerte. Para sobrevivir. Para vencer.

Volver.

IMG_20170903_111634_826 (1)Deberíamos volver a los lugares donde hemos sido felices, o dibujar un mapa con todos ellos. No es un canto a la nostalgia, sino a la certeza de que la imaginación vuela a los que ya no están; mejor soñarlos entonces en rincones alegres, mejor desde el trono de los buenos ratos y en las esquinas de la memoria que huelen a verano. Por eso, puestos a dar gusto al recuerdo, que sea al calor de las piedras de todos esos lugares en los que hemos sido tan felices.