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Viajar.

IMG_20170901_062348_638 La primera vez que fui a París me lesioné. La segunda, corrí para salvar la vida, pero esa es otra historia. París lo anduve sola llegada desde India, en un entremés entre unos viajes y otros, y caminando sus calles pensé mucho, como solo piensa quien viaja solo. Viajar. Hay personas que viajan aunque el viaje no cale en ellos y viajeros que lo son se muevan o no. Viaja quien visita otras vidas,  quien sabe caminar con los zapatos del otro. Viaja quien se abre a nuevas experiencias, quien busca aire fresco. Viaja quien renuncia a lo de siempre aunque lo de siempre le acompañe en cada renuncia. Viaja quien aprende y arriesga los cimientos de su mundo conocido. Viaja quien explora lo que le da miedo, pese a todo. Viaja quien acepta el cambio y su incertidumbre. Viaja quien lee sin remedio y abre ventanas, con cada historia, a otros mundos. Viaja quien decide vivir la vida en movimiento sin que importe el destino o las lesiones, si lo hace solo o acompañado, si llega o no a buen puerto.
Nunca, en los viajes a París, encontré la luna de miel que buscaba. La primera vez, me lesioné. La segunda, corrí para salvar la vida: cuánto me gustaría contaros cómo esa carrera me trajo amigos, mucho sur y momentos robados de arena y azul. Pero esa… es otra historia.

Para volar no necesitas alas.

79833Para volar no necesitas alas.
Se puede volar en el silencio.
En un abrazo inesperado, en el susurro en la nuca que sólo tú has de escuchar.
En aquello que fue, en lo que es, en lo que vendrá.
Se puede volar con amigos, planeando sobre las risas que planean risas.
Se puede volar solo.
Incluso cuando caigas en picado, vuela.
En un paseo, un baile, en el agua.
En un libro y sus mundos posibles.
En esa melodía que te da superpoderes.
Vuela en el escondite que te inventas, en la decisión que tomas, en lo que dejas atrás, en el corte de mangas al mundo, en lo que emprendes, en lo que estás dispuesto a ser. Para volar, !no necesitas alas!
(fotografía de www.jesustejel.com)

Cuadernos de viaje (3): a la vejez… poesía.

2014-05-22 19.05.21Millán fue pastor de joven y ahora, a sus muchos, es poeta. Pesimista de mentira, la vida y el poema tienen que rimar, ordenados. Es parco en palabras, pero regala versos puestos en fila que recita a ritmo de jota. No oye, pero escucha. No sonríe pero le ríen los ojos. Administra sus versos con la humildad del que quiso estudiar y la grandeza del que da lo que tiene, que a su vejez es poesía, por si la vida le va quitando casi todo lo demás.

Cuadernos de viaje (2): Carmen, el viaje psíquico.

2014-05-22 19.05.21Su padre le leía de pequeña, antes de la guerra. Supongo que por eso vivió de forma natural dejarse leer en voz alta cuando su cuerpo dejó de funcionar y apenas podía hablar. No le gustaban las fiestas, prefería la intimidad del grupo pequeño, se sentía así menos expuesta, creo que quería vivir su enfermedad en privado. Prefería lecturas fantásticas, paisajes lejanos, poemas de emociones adolescentes, cualquier cosa que le hiciera (sonreía) “sentirse transportada”. La lectura es una herramienta de poder cultural, pero también es un lugar donde elaborar el mundo u olvidarse de él descubriendo otros. Para Carmen, un espacio de libertad en su vida de cuerpo inmóvil, una forma de comunicación cuando quedó sin habla. Para mí,con ella, significó compartir mundos posibles, un viaje a territorios donde la mente y las emociones podían hacernos a todos sentirnos transportados sin importar edad, enfermedad, caducidad o límites.

Cuadernos de viaje (1): Alegría, la entusiasta

2014-05-22 19.05.21Alegría nunca pudo estudiar, pero hasta quince días antes de morir bajó al club de lectura. «Yo no sé leer bien -decía- si me pongo a leer diré mentiras, porque no entiendo. Pero aunque no entienda ni oiga bien a mí me gusta todo: la poesía, la lectura. Todo, hija mía». Ella aprendió algo sobre literatura, poesía. Y yo, a querer honrar su nombre: vivir con Alegría aprendiendo hasta el final de mis días.