Hoy paseo para #mirar lo que no veo

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Hoy le canto un poquito a todo esos árboles de ciudad que no vemos, aunque ellos nos digan tantas cosas.

Me dije, hoy me canso de ser una de esas personas ocupadas que ni miran ni ven, hoy paseo sin más por las calles de mi ciudad para aprender a #mirar lo que no veo.

Y ahí estaban, para mí, todos esos árboles de ciudad que brotaban sin que nadie se diese cuenta, que dejan atrás el invierno y, prenda a prenda, van vistiendo sus días de lo nuevo.

Hoy le canto un poquito a todos esos árboles de ciudad como vosotros, a los que les nacen  trozos de cosas bonitas aunque nadie se pare a mirarlos.

#voluntad

 

agua ebroUn amigo me dijo que el invierno era triste y el agua del #Ebro fea.
Indignada, me puse las botas cámara en mano para demostrarle científicamente que no era cierto.»A encontrar belleza me ganan pocos», pensé, en un arranque de orgullo aragonés.
Tras unos kilómetros de más y el orgullo de menos, pensé que a lo mejor el invierno era triste, y que el agua del Ebro va a gustos, a días, y a ojos.
Que para qué iba a batallar por algo que para mí era evidente: que la belleza, como la felicidad, es cuestión de voluntad. Y hay dos maneras de encontrarla: viajando donde resulte evidente, o encontrándola allá donde estés.
Ambas hacen de este mundo un lugar más habitable.
Por ello,  en invierno, busco la luz aunque me lleve muchos kilómetros, al lado de un Ebro que me da el color que quiere y me canta que, al que no le guste, que se vaya a Finlandia.

#sol_de_invierno

sol de invierno

En invierno busco la caricia del sol en días de frío tranquilo: con esa luz, los chopos bailan desnudos y las ramas se dibujan con pincel en el #azul.
Qué pocos días delicados tenemos en esta ciudad de cierzo áspero, en la que cruzamos los puentes corriendo de viento o de calor.
Por eso, si sopla ese sol de invierno que acaricia el corazón, salgo de fiesta con la cámara en busca de levedad y ligereza, y pinto con los ojos las líneas de silencio que me dictan los árboles.

Ponerse hasta arriba de #azul

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Vengo de un retiro digital que me ha dejado algo de tiempo para  lo que me gusta, y para pensar sobre todas esas cosas que quiero hacer: paisajes por caminar, metas, alguna que otra batalla, sueños y mapas que dibujo en año nuevo y lanzo el tiempo en una botella llena de incertidumbre.
Me digo que todo buen viajero debe saber hacia dónde va. Allá que voy,  y marco el rumbo.
Pero también me digo que nada merece la pena si, en el mientras, pierdo el azul. El brillo. Nada merecerá la pena si dejo de ser la loca que se arrima a los árboles para ver cómo hablan con el cielo, nada habrá servido si aparco las botas que me han llevado a tantos sitios, o si guardo la alegría que tantos años me costó.
Este año quiero cantar bien alto las cosas bonitas que busco, sobre todo, en los días en que nada señala belleza ni nadie entona una canción. Quiero estirar las ramas y, por fin, tocar algo de cielo, que ya me toca, pero nada merecerá la pena si pierdo la locura que me mantiene sana, la que juega y se da un banquete de todas esas cosas llenas de #azul.

#color

verde

Hay colores que lo cambian todo: el ánimo, la cabeza loca, la rutina.

He pintado mucho de blanco estos meses, para llegar al sueño mirando la noche con un silencio que la mente no sentía.
Esto de vivir tiene su arco iris.

Pinto de blanco pero no me olvido que lo mío es también  el color de la higuera y el olor del verano, aunque siga pintando de blanco el invierno – para llegar al sueño en silencio,  ese que la mente no encontraba, pero quería-.