Un lugar más habitable.

IMG_20180128_132206_054Pensé que en un mundo a veces inhabitable, sabemos fabricar belleza. Que en días planos esculpimos y en los grises escupimos en un lienzo el color que nos huye. En el caos dibujamos geometría. Ponemos música al dolor y narramos, bailamos, cantamos. Pensé que en un mundo a días inhabitable nos inventamos otros paralelos, con su lógica. Que con las manos, la boca, los ojos, el cuerpo, la mente, el lenguaje, el sonido, la piel, edificamos sin límite lo que otros han hundido. Por eso me gustan esos #artistas que abren ventanas con las manos, la boca, los ojos, el cuerpo, la mente, el lenguaje, el sonido y la piel. Los que hacen de este mundo un lugar más habitable.

Viajar.

IMG_20170901_062348_638 La primera vez que fui a París me lesioné. La segunda, corrí para salvar la vida, pero esa es otra historia. París lo anduve sola llegada desde India, en un entremés entre unos viajes y otros, y caminando sus calles pensé mucho, como solo piensa quien viaja solo. Viajar. Hay personas que viajan aunque el viaje no cale en ellos y viajeros que lo son se muevan o no. Viaja quien visita otras vidas,  quien sabe caminar con los zapatos del otro. Viaja quien se abre a nuevas experiencias, quien busca aire fresco. Viaja quien renuncia a lo de siempre aunque lo de siempre le acompañe en cada renuncia. Viaja quien aprende y arriesga los cimientos de su mundo conocido. Viaja quien explora lo que le da miedo, pese a todo. Viaja quien acepta el cambio y su incertidumbre. Viaja quien lee sin remedio y abre ventanas, con cada historia, a otros mundos. Viaja quien decide vivir la vida en movimiento sin que importe el destino o las lesiones, si lo hace solo o acompañado, si llega o no a buen puerto.
Nunca, en los viajes a París, encontré la luna de miel que buscaba. La primera vez, me lesioné. La segunda, corrí para salvar la vida: cuánto me gustaría contaros cómo esa carrera me trajo amigos, mucho sur y momentos robados de arena y azul. Pero esa… es otra historia.

Tu vida, el mejor poema.

IMG_20171020_063108_957 Paseaba por París y quise fabricar un poema a este escaparate tan lleno de vida. Paso tantos amaneceres y domingos a la búsqueda de algo bello que escribir, que casi olvido que la poética no es siempre algo inventado. Que la imaginación y la memoria a veces nos hacen el trabajo, visten un escaparate con nuestros mejores momentos: los besos robados, aquello que lograste, lo que vino sin esperarlo, la voz que te nace del silencio, lo que hacemos por amor, las fronteras a las que viaja el adiós y todo lo que entre líneas aprendes de ti mismo. Los versos más bonitos nacen de la metáfora que entiende el que te quiere bien y de los brindis que riman con tus mejores amigos.  Al final de la vida seremos lo que ya hemos sido, lo que ya hemos escrito. Por eso este afán mío en  amaneceres y domingos en los que ayudo a la imaginación y la memoria a que vistan de fresa y chocolate un cristal con los instantes más bonitos.

#espaciosquemiranalcielo

IMG_3507 Me gustan los espacios que abren sus puertas,  donde el muro deja que se cuele la luz.

Me gustan los templos, la playa que me guarda secretos, la biblioteca donde me escondo, las montañas, los museos, el sendero de mi río, el suelo de mi casa, el rincón donde escribo.

Ese lugar donde acudes cuando la vida te sacude. Donde te rindes y te perdonas. Donde eres terriblemente humano.

(Imagen de Felipe A. Muñoz Instagram @famc_books)

Mujeres que surfean la vida.

IMG-20171017-WA0002Basta de mapas o planes,  concluyeron dos amigas: hablaban de proyectos que nacen y mueren, de personas que van y vienen, de ilusiones podadas y brotes de otras frescas, distintas. De mujeres orquesta que escalan problemas y cuidan flores, que son humanas y se quiebran, que son heroínas y hacen cima.  De viajes que buscan dunas y silencio, belleza y horizonte.  De cómo hacen para que el día se pare un rato sin que nada se pare. De cómo, decir adiós a tantas cosas, es un golpe de marea. De cómo con retales de vida inventan universos propios más allá del cielo. De no luchar ya contra los días, ni afanarse en conquistarlos: mejor surfear cada cosa que llega tras la estela de lo que traigan las nubes. Abandonarse a la incertidumbre. El único mar en calma es el que pinta la noche cuando nos quedamos a solas con ella.

(Fotografía de Ana Serrano Tierz)